Adrián pregunta · anteayer
Llevamos apenas tres semanas saliendo y ya me montó un pollo monumental porque tardé dos horas en contestar mientras cenaba con mis padres en el salón. Todavía vivo en casa familiar para ahorrar y necesito mis tiempos, pero ella va a doscientos por hora: me exige exclusividad absoluta, saber con quién hablo y se raya si prefiero quedarme un domingo tranquilo con mi familia. Me ahoga sentir que tengo que rendir cuentas como si lleváramos diez años casados cuando apenas nos estamos conociendo, pero me entra la duda de si el raro que no sabe vincularse soy yo.
Dr Gnoxx responde
Corta el pánico de raíz: no eres ningún alérgico al compromiso, simplemente tienes instinto de supervivencia.
A las tres semanas de salir con alguien deberías estar descubriendo qué música le gusta o besándote en portales, no pasando una auditoría fiscal por cenar con tu madre. Hay un abismo insalvable entre tener ritmos afectivos distintos y confundir el romance con ponerte una pulsera telemática. Vivir con tus padres es tu circunstancia actual, pero tu autonomía sigue siendo tuya; no tienes que pedir perdón por tener vida propia más allá de la pantalla.
La próxima vez que te caiga un sermón por tardar en responder, plántate con calma y suéltale: «Me gustas y quiero conocerte, pero si para salir juntos tengo que fichar como en una fábrica, esto no va a funcionar para mí».
Si a los veinte días te exige control total bajo la excusa del amor intenso, no busca una pareja: busca un tamagotchi.
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